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La población del sur de Quintana Roo desarrolló una civilización muy compleja que enfrentó exitosamente por un largo periodo el reto que significaba la falta de recursos básicos como el agua y las materias primas. Fue una de las regiones más pobladas de Meso América durante el Clásico Tardío y Terminal (600-1000 d.c.)

Época a la cual pertenece la mayoría de las estructuras en ruinas que se observan; debieron haber vivido en la región más de un millón de mayas, cifra muy superior a la de la ocupación actual. En gran medida, el sur de Quintana Roo, su historia y sus logros son inigualables en el México antiguo.

Dzinbanché y Kinichná son sólo dos de cuatro grandes sititos que existen en una área de no más de tres kilómetros de radio con centro en el propio Dzibanché. Además de ellos está el sitio de Tutil y el llamado Complejo Central. Podemos considerar que fueron contemporáneos, ya que todo presenta el mismo estilo arquitectónico.

Este estilo es característico de la región y forma parte importante del espectro de estilos arquitectónicos mayas hasta ahora reconocidos. La región, de esta manera, emerge como algo especial a la que habrá que reconocerle, independientemente de los nexos que haya podido tener con el Petén guatemalteco y Belice en las primeras fases del Clásico y con Yucatán en las más tardías, un bagaje cultural propio, bien integrado y distinguible de los que se observan en regiones vecinas.

El mayor de los centros cívico-religiosos es Dzinbanché. Se localiza sobre una lengua de tierras altas rodeada de bajos. El núcleo del sitio está construido por varias plazas flanqueadas por basamentos piramidales que en su parte superior llevan templos de una o varias crujías, rematados por cresterías, así como por largas plataformas sobre las que, dependiendo de la época, se levantaban cuartos abovedados o estructuras de material perecedero.
A medida que uno se aleja del área de mayor monumentalidad, dedicada al ritual, a la administración y a la habitación de la Elite, las plataformas se hacen más bajas y más cortas, pues son espacios dedicados a la vivienda de artesanos, comerciantes, funcionarios menores y, finalmente, a los grupos de menor rango social. Una de estas plazas se abre frente a una gran plataforma que soporta varias estructuras en dos niveles diferentes y que se le ha dado el nombre de Pequeña Acrópolis. En el lado poniente de esta plaza se levanta el Templo I: un gran basamento piramidal con esquinas redondeadas y molduras tipo "delantal" muy frecuentes en el Petén guatemalteco y en Belice.

Al frente del Templo I se abre una plaza franqueada al norte y sur por dos edificios alargados, idénticos en cuanto a proyecto arquitectónico. En el lado poniente de la plaza se encuentra el Templo II que, al igual que el I, tiene su fachada principal hacia su propia plaza, al oeste. El basamento del Templo II contiene varias cámaras mortuorias, en cuyo interior se encontraron importantes ofrendas y los restos de un personaje, seguramente uno de los "reyes" de Dzinbanché del Clásico Tardió.

Frente al Templo II se abre otra plaza, rodeada por siete edificios entre los que resalta el XIII, o templo de los Cautivos, ubicado en línea recta con la escalera del Templo II y un altar circular que está al centro de la plaza. El edificio tiene varias épocas constructivas; en la última se añadió un tramo en la parte inferior de la escalera que da a la plaza principal. Este adosamiento se hizo a base de grandes bloques, algunos de los cuales llevan representaciones de cautivos de guerra y glifos alusivos al enfrentamiento.

Alrededor de esta misma plaza se encuentra el edificio XVI, cuya exploración ha expuesto gran parte de las dos primeras fases constructivas.

Al norte de este complejo arquitectónico se encuentra el Templo VI, con su basamento a base de tableros y taludes, muy al estilo de Teotihuacán, y una ancha escalera sin alfardas, que conduce al templo que da nombre al sitio (Dzinbanché significa escritura en madera); en dos de los tres vanos del muro intermedio del templo se encontraron dinteles de madera con inscripciones calendáricas, uno de ellos se conserva in situ, el otro ha sido remplazado con vigas de jabim, el mismo material del original. Finalmente, a una distancia considerable de este núcleo de gran monumentalidad, se encuentra el juego de pelota de Dzinbanché. Su posición tan alejada del centro de gravedad físico del ritual distingue a Dzinbanché de otros sitios contemporáneos de la región. El viejo camino maderero que se trazó para sacar cedro y caoba pasa por el centro de la cancha.

A escasos tres kilómetros al norte de Dzinbanché se encuentra otro conjunto de importantes edificios entre los que destaca una gran acrópolis, una de las muy contadas que existen en la región. El conjunto podría ser parte del mismo Dzinbanché, pero se le ha dado nombre propio: Kinichná o Casa del Sol.

La acrópolis es impresionante por su tamaño y su estricta simetría. Una gran escalera conduce a un primer nivel arquitectónico en el que se desplantan dos edificios, uno a cada lado; sus templos son de doble crujía. Una segunda escalera, alineada con la primera, conduce a un nivel superior en el que se desplantan otros dos edificios. Finalmente , una tercera escalera, más estrecha que las anteriores y también en Línea, conduce al templo que remata la acrópolis, un templo con dos crujías abovedadas y paramentos rematados por frisos en tres de sus lados que todavía llevan restos de los estucos que los decoraban, algunos de los motivos que se preservaban hasta hace poco dio nombre al sitio.

En este templo superior, por cierto, se ha encontrado una importante ofrenda asociada al entierro de dos personajes; como parte de ella hay objetos de jade con reminiscencias del arte olmeca y del teotihuacano.