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PRÁCTICAS ARTIFICIALES Y ADORNO

La deformación de la cabeza se practicaba en ambos sexos. En los primeros meses a la criatura se le acostaba en una cama de varillas y se le colocaba la cabeza entre dos tablillas, una delante y la otra en la parte posterior, fuertemente apretadas, "hasta que acabados algunos días les quedaba la cabeza llana y enmoldada, como la usaban todos ellos"; y este tipo de deformación fronto-occipital hacía que el cráneo se fuera hacia atrás. También se practicaba el tipo de deformación circular, provocada por una venda muy apretada alrededor de la cabeza.

Según De Landa, la mutilación dentaria entre las mujeres, "la tenían por galantería", y generalmente los incisivos y caninos eran cortados de varias maneras, o incrustados con pequeños discos de jade o pirita.

Como vemos en las figurillas de Jaina, el tatuaje por escarificación se practicó con hombres y mujeres de alto rango (señores principales, sacerdotes, etc.). Se hacía sobre las mejillas, entre ceja y ceja, en la barba y sobre un lado de la cara; ya sea en forma de líneas horizontales, una serie de puntos, líneas ondulantes, símbolo del viento (ik), y combinaciones de puntos y líneas. La escarificación era parte importante del adorno personal: los hombres, cuanto más tenían sobre el cuerpo, más bravos y valientes se consideraban; en tanto, las mujeres, al decir de De Landa, "solían tatuarse el cuerpo de la cintura para arriba, salvo el pecho por el criar... (con) labores más delicadas y hermosas que los hombres". Los jóvenes no podían hacerlo de solteros.

Para embellecerse, nos dice De Landa, se pintaban el cuerpo y el rostro de rojo. También se embadurnaban de color negro hasta que se casaban; y el cronista Herrera aclara que se pintaban con cierta resina de color rojo ocre, útil contra los mosquitos y el ardor del sol (tal vez achiote). Durante los ayunos se pintaban de negro, los sacerdotes de azul y los guerreros de negro y rojo.

El cabello se usaba largo entre hombres y mujeres. Ellas llevaban el pelo largo y trenzado, a veces entretejido con listones de colores o recogido hacia arriba para formar un chongo o moño; los hombres lo usaban, a veces anudado por detrás, a manera de cola de caballo; a la vez que eran afectos a llevar tocados de plumas preciosas y vistosas, rosetones y listones, yelmos con cabezas de animales o efigies de deidades, sombreros, cetrosmaniquí, abanicos, máscaras y otros adornos.

De acuerdo con De Landa, "no criaban barbas y decían que les quemaban los rostros sus madres con paños calientes siendo niños, para que no les nacieran. Y que ahora crían barbas aunque muy ásperas, como cerdas de rocines". Barbas y bigotes son raros, pero se ven algunas veces en las obras artísticas.

Por último, mencionaremos el estrabismo que, según De Landa, se provocaba artificialmente en los niños, "colgándoles del pelo... un pegotillo que les llegaba al medio de las cejas; y como les andaba allí jugando, ellos alzaban los ojos y venían a quedar bizcos". También se perforaban el lóbulo de las orejas para llevar orejeras, el tabique nasal o ventanas de la nariz para el uso de narigueras, y se hendían el labio inferior para colocarse los bezotes.


Fragmento tomado del libro Arenas del Tiempo Recuperadas editado por el Gobierno del Estado de Campeche. Textos de Román Piña Chan, Chan Kin Nohol y Alberto Davidoff.