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LAS ANTIGUAS EVIDENCIAS

La arqueología ha realizado pocos hallazgos de gran antigüedad, y vienen a sumarse al problema de los orígenes de los mayas. Nos referimos a la base de una punta de proyectil acanalada, propia de los cazadores de fauna pleistocénica, hallada en el sitio Los Tapiales, en los altos de Guatemala; así como a una punta acanalada semejante, encontrada en San Rafael, Guatemala.

También hay que mencionar los descubrimientos hechos en las Grutas de Loltún, Yucatán, los cuales, al decir de Ochoa y Vargas, están compuestos por restos de animales extintos hallados en los estratos inferiores y profundos de la cámara denominada La Ventana, así como artefactos líticos que se podrían fechar hasta unos 18, 000 a.C.; en tanto que Lombardo informa que también hay restos de pinturas rupestres que corresponden a sociedades de cazadores recolectores.

En la costa de Belice hay algunos materiales líticos que parecen ser bastante antiguos. En la Concepción, Campeche, cerca de la frontera con Guatemala, en 1909, J. Engerrand y F. Urbina, encontraron un probable taller lítico con artefactos de pedernal blanquecino, lascas y núcleos de desecho, especialmente hachas de mano amigdaloides y ovaladas, sin retoque, lo mismo que raspadores terminales y laterales obtenidos de lascas, cuyo aspecto recuerda a los artefactos del Paleolítico europeo, aunque de hecho son más tardíos.

Pero como todos estos hallazgos apuntan hacia la existencia de grupos cazadores recolectores de gran antigüedad, y la lengua mayense comienza a separarse en familias hacia 3, 000 a.C., es lógico pensar que existió un tronco lingüístico macro-maya que se desprendió de una lengua común hablada por los primeros pobladores del continente americano, como pensaba Swadesh.

Fragmento tomado del libro Arenas del Tiempo Recuperadas editado por el Gobierno del Estado de Campeche. Textos de Román Piña Chan, Chan Kin Nohol y Alberto Davidoff.