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LA GUERRA
Las estelas de Calakmul, Tikal, Yaxchilán, Piedras Negras y otros lugares,
sugieren que la guerra era ya una actividad común dentro de la estructura
política del Clásico tardío, hacia 700 d.C.; y es posible que por esos tiempos
algunas de las dinastías estaban consolidando su poder por medio de la guerra.
A partir de 800 d.C., una serie de grupos guerreros comienzan a extenderse en
varias direcciones, y a conquistar lugares en los que influyen poderosamente;
siendo éste el caso de los olmecas y xicalancas que llegan a la frontera de
Tabasco y Campeche, donde se unen con chontales, quichés, xiues, itzaes y otros
más; saliendo unos hacia el Usumacinta-La Pasión, otros hacia la zona de Acalan,
unos más hacia la costa de Campeche y otros hacia la zona del Puuc campechano y
de allí a Yucatán.
Estos movimientos se reflejan en diversas estelas y es probable que en esas
guerras de conquista hayan intervenido varios factores, como el crecimiento de
las poblaciones, la emigración, y la invasión y colonización de tierras vecinas.
Los señoríos o cacicazgos más importantes y poblados recurrieron a la guerra
para ensanchar sus territorios, obtener tributo obligado, defender sus recursos
naturales y proteger sus fronteras; de modo que desarrollaron sistemas o formas
de combate, armas ofensivas y defensivas, vestidos de guerra, organización
militar y otros aspectos. En la organización, el Nacom era el comandante
militar. Tenía bajo sus órdenes a soldados mercenarios, los Halcones, que sólo
recibían paga en tiempos de guerra, y también podía reclutar a hombres entre la
población.
Para el combate los soldados se embijaban el cuerpo, se pintaban la cara y
llevaban el pelo atado a manera de cola de caballo; peleaban en escuadrones,
unos tras otros; atacaban por sorpresa al enemigo, e incendiaban los poblados
vencidos; levantaban albarradas defensivas y contaban con fortificaciones en las
ciudades más importantes. Además, tenían un dios especial que llevaban al campo
de batalla, al que hacían ceremonias antes de la pelea; lanzándose al ataque con
gran griterío, tañidos de tambores y estruendo de trompetas y caracoles marinos.
Fragmento tomado del libro Arenas del Tiempo Recuperadas editado por el Gobierno del Estado de Campeche. Textos de Román Piña Chan, Chan Kin Nohol y Alberto Davidoff.








