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La casa maya

En la peculiar arquitectura maya, las casas habitación resultan de primera importancia para comprender los modos en que se organizaban y funcionaban las comunidades prehispánicas. La exploración de las casas habitación ha permitido un mejor conocimiento sobre la vida económica y social de la cultura del pueblo maya. Las casas variaban arquitectónicamente debido a factores como: el tipo de materiales al que tenían acceso para su construcción, su estabilización en función de su forma de sustento, diferentes estratos sociales y políticos, y el número de personas que habitaban estas unidades.

Las unidades habitacionales de ayer y hoy, han asumido un papel protagónico en investigaciones y nuevas exploraciones. En términos generales hoy se cree que los mayas antiguos vivieron en unidades domésticas de una sola familia nuclear -una pareja de casados con hijos solteros- o en unidades compuestas de varias familias nucleares, participando y compartiendo un solo patrimonio y responsabilidades.

Las unidades domésticas unifamiliares, habitaban casas individuales compuestas de varias construcciones y la mayoría dispuestas alrededor de un patio. Entre las casas vecinas había un espacio sin construir, siendo más grande a medida que las casas se alejaban del centro cívico-religioso; ese espacio era utilizado como huerto, que no era suficiente para la alimentación familiar, por lo que debieron contar con campos en otras partes.

En general, lo que ahora observamos en los vestigios arqueológicos, son restos de cuartos donde la gente dormía y guardaba sus pertenencias, siendo estos estrechos, a veces con un solo acceso, sin ventanas y con una banqueta; mal iluminados y mal ventilados, difícilmente pudieron haber tenido otras funciones. Las casas unifamiliares se imaginan como un conjunto de construcciones de mampostería complementadas por tinglados, se considera que las casas se modificaban continuamente, agrandando y subdividiendo espacios construidos, pero no todas las construcciones eran cuartos para dormir, algunas no tenían banquetas y parecen haber funcionado como bodega de alimentos; otras, de las que no hay vestigios, sirvieron tal vez de cocina y dad la necesidad de tener buena luz y ventilación, debieron de haber sido estructuras abiertas, construidas con materiales perecederos.

Desde la época prehispánica, hasta hoy, la estructura general de la choza maya ha conservado características similares, siendo una edificación apoyada sobre una plataforma cuadrada o rectangular -a veces con lados redondeados-, más o menos elevada, que la aísla de la humedad natural, del suelo. A veces, apenas se eleva sobre la tierra apelmazada que sirve de piso y sostén al armazón de madera que sustenta la edificación. Las paredes se construyen total o parcialmente con materiales perecederos, con lo que calificamos de bajareque, un entramado de palos unidos por bejucos, que en ocasiones se asienta sobre piedras y se reviste o repella con barro para un mejor aislamiento. En lugares de mayor altitud se hace uso e adobe, canto rodado y piedra pómez amalgamada con barro, proporcionando a la casa con mayor estabilidad y alta protección frente a variaciones térmicas en las Tierras Altas. El techo es de materiales perecederos, palma o huano en las Tierras Bajas, y pajón o madera en el Altiplano.

Fuera de su entorno privado, que es la choza o el grupo habitacional, la cultura maya se desarrolló sentando las bases de lo que sería una organización compleja, comenzando a producirse la necesidad de lugares en que se llevarían a cabo actividades comunes relacionadas con lo divino y lo humano.