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LA RECOLECCIÓN Y LA DOMESTICACIÓN

Los productos de la recolección podían ser frutas que procedían de árboles silvestres como el zapote, mamey, canisté, ramón o plantas comestibles que crecían libremente; también los productos de las palmas como el guano o xan para los techos y el bayal para los cestos, petates y sombreros, así como el corozo que producía aceite y harina. Los güiros secos servían como vasijas y jicaras; la corteza del balché servía para la preparación de un licor; y la pitahaya se usaba para una bebida.

Del mar, lagunas y ríos se podían obtener crustáceos, ostiones, caracoles y otros moluscos. La grana, que era un colorante, se obtenía de la cochinilla que crecía sobre las hojas de los nopales. Y, en fin, había otros muchos productos silvestres que fueron factibles de ser recolectados, pero de los que no tenemos comprobación.

Respecto a la domesticación de animales, ésta se redujo al perro, al guajolote o
pavo de monte y a las abejas. Sin embargo, hay alusiones a unos mamíferos que fueron tal vez domesticados, como el pisóte o tejón que criaban las indias, al decir De Landa, pues es "a maravilla travieso" y "son a maravilla amigos de burla con las indias y las espulgan y se llegan siempre a ellas". También habla del venado, al que daban el pecho y "crían tan mansos que no saben írseles al monte jamás". Patos, faisanes, loros, perdices y algunas otras aves pudieron criarse ocasionalmente.


Fragmento tomado del libro Arenas del Tiempo Recuperadas editado por el Gobierno del Estado de Campeche. Textos de Román Piña Chan, Chan Kin Nohol y Alberto Davidoff.