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EL TRIBUTO
La tributación en especie o menyah y en trabajo o patán, eran la parte que el
pueblo debía aportar al sistema de gobierno al que pertenecía, y al respecto De
Landa dice que los pueblos proveían a los señores de cuanto necesitaban: maíz,
aves, miel, sal, pesca, caza y otras cosas; que los indios hacían sus labores de
subsistencia en común, ayudándose unos a otros, y que de ellos separaban los
presentes para el señor: "El pueblo menudo hacía a su costa las casas de los
señores... y sus sementeras, y se las beneficiaban y cogían en cantidad que les
bastaba a él y a su casa. A los demás principales inferiores del señor ayudaban
en todas estas cosas conforme a quienes eran, o al favor que el señor les daba".
En ciertas épocas del año, cuando las labores agrícolas cesaban, la gente de las
aldeas prestaba tributo en trabajo, concurriendo a las ciudades para conservar
edificios y construir nuevas obras públicas, ya fueran administrativas o
religiosas. De Landa parece referirse a este aspecto cuando dice: "que como
ellos han sido tan buenos honradores de sus ídolos, se señalaban de comunidad
hacerles templos..."
Y Rivera Dorado estima que la parte sustancial del tributo se destinaba al
mantenimiento y expansión de las castas no productivas, y así el rendimiento de
la tierra sostenía a funcionarios, sacerdotes, jefes guerreros, escribas,
astrónomos y mercaderes. Incluso podía ser invertido en cultivos de alto valor
comercial como cacao, tabaco, hule, copal y algodón; a la vez que una parte se
guardaba en los almacenes para sufragar el sustento de los trabajadores que
levantaban palacios y basamentos para templos, que abrían calzadas a través de
la selva o tendían puentes.
Según Roys, los jefes políticos de las provincias, al momento de la conquista
española, recibían, además del producto de los campos y plantaciones de cacao
trabajadas por sus propios esclavos, tributos de mantas de algodón, gallos,
gallinas, maíz y miel.
Fragmento tomado del libro Arenas del Tiempo Recuperadas editado por el Gobierno del Estado de Campeche. Textos de Román Piña Chan, Chan Kin Nohol y Alberto Davidoff.








