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Desde comienzos de su civilización (hace aproximadamente 3 000 años), los mayas han elaborado cuentos, leyendas y fábulas referidos a personajes míticos, al orden y a las leyes de la naturaleza.

Resultado de la experiencia individual y colectiva de un pueblo, así como producto de la imaginación, estos relatos nos ayudan a entender una forma de vida y nos permiten la entrada a una de las más misteriosas culturas de la historia. El relato que aquí presentamos es hasta donde se sabe de autor anónimo y corresponde a una fecha indeterminada.

En cambio, son muy precisas su localización la península de Yucatán, México y su procedencia maya. Ésta fábula se titula La tristeza del maya.

Un día los animales se acercaron a un maya y le dijeron: No queremos verte triste, pídenos lo que quieras y lo tendrás.

El maya dijo: Quiero ser feliz.

La lechuza respondió: ¿Quién sabe lo que es la felicidad?.

Pídenos cosas más humanas.

Bueno, añadió el hombre, quiero tener buena vista.

El zopilote le dijo: Tendrás la mía.

Quiero ser fuerte.

El jaguar le dijo: Serás fuerte como yo.

Quiero caminar sin cansarme.

El venado le dijo: Te daré mis piernas.

Quiero adivinar la llegada de las lluvias.

El ruiseñor le dijo: Te avisaré con mi canto.

Quiero ser astuto.

El zorro le dijo: Te enseñaré a serlo.

Quiero trepar a los árboles.

La ardilla le dijo: Te daré mis uñas.

Quiero conocer las plantas medicinales.

La serpiente le dijo: ¡Ah, esa es cosa mía porque yo conozco todas las plantas! Te las marcaré en el campo.

Y al oír esto último, el maya se alejó.

Entonces la lechuza dijo a los animales: El hombre ahora sabe más cosas y puede hacer más cosas, pero siempre estará triste.

Y la chachalaca se puso a gritar: ¡Pobres animales! ¡Pobres animales!